Segunda lectura breve de agosto

Por una mirada, un mundo;

Por una sonrisa, un cielo;

Por un beso… yo no sé

qué te diera por un beso.

No sé si a vosotros os pasó, pero la norma tácita para ser “normal” en mi instituto era tener una agenda repleta de poesías, dedicatorias, pegatinas y tinta de colores. Por lo menos para las chicas era así e incluso los chicos tenían que escribir, aunque afeaban la página dibujando penes y nos lo pensábamos dos veces antes de dejar que apuntaran su cumpleaños. Cuanto menos espacio tenías para anotar fechas de exámenes, más gente conocías y, regla de tres, más guay eras. Todavía conservo la agenda de segundo de la ESO, aunque me da pavor abrirla. Lo que hoy en día me parece una absoluta idiotez, estaba a la orden del día durante cada septiembre de los cuatro años que estuve en el instituto. Bachiller ya era cosa de mayores… 😛

becquer_gustavo_adolfoLa estrofa de más arriba no fallaba. Por lo menos una persona, sino cinco, la apuntaban cuando se quedaban cortos de otros poemas, creatividad o bolis de colores. Más tarde descubrí que, en nuestra tontería, utilizábamos estrofas de Gustavo Adolfo Bécquer pensando que algún alumno iluminado se la había inventado.

Más tarde fue en Bachiller. Ya era mayor. 😛 Clase de Lengua Castellana con Fina. Odiaba la poesía. De hecho, no simpatizo todavía, demasiado pausada para mi. Le bastaron cuatro versos para atraparme. Me enamoré de Bécquer y de sus Rimas, seguramente por el tono en el que leyó nuestra profesora, con tanto amor y respeto hacia la literatura que todavía hoy lo recuerdo como un momento solemne.

¿Qué es poesía?, dices mientras clavas

en mi pupila tu pupila azul.

¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?

Poesía… Eres tú.

A mi lado, una compañera se metía los dedos en la garganta como si quisiera provocarse los vómitos. Esto último va en serio… Pero yo me quedé loca con Bécquer. La semana que dedicamos al estudio de este autor estaba como embobada y, en secreto, me compré sus Rimas para tenerlas en mi biblioteca.

No digáis que agotado su tesoro,

de asuntos falta, enmudeció la lira.

Podrá no haber poetas, pero siempre

habrá poesía.

Mientras las ondas de la luz al beso

palpiten encendidas,

mientras el sol las desgarradas nubes

de fuego y oro vista,

mientras el aire en su regazo lleve

perfumes y armonías,

mientras haya en el mundo primavera,

¡habrá poesía!

Mientras la ciencia a descubrir no alcance

las fuentes de la vida,

y en el mar o en el cielo haya un abismo

que al cálculo resista,

mientras la humanidad siempre avanzando

no sepa a do camina,

mientras haya un misterio para el hombre,

¡habrá poesía!

Mientras se sienta que se ríe el alma

sin que los labios rían;

mientras se llore sin que el llanto acuda

a nublar la pupila,

mientras el corazón y la cabeza

batallando prosigan,

mientras haya esperanzas y recuerdos,

¡habrá poesía!

Mientras haya unos ojos que reflejen

los ojos que los miran,

mientras responda el labio suspirando

al labio que suspira,

mientras sentirse puedan en un beso

dos almas confundidas,

mientras exista una mujer hermosa,

¡habrá poesía!

Respeto la variante pero no me gusta leer poesía. En cambio adoro a Bécquer. En mi caso, es la excepción que confirma la regla…

Primera lectura breve de agosto

¡Hola! Este mes planeo algo diferente. Ibiza en agosto es para turistas, así que lo pienso vivir como tal la primera quincena. Los últimos 15 días huiré, simple y llanamente, lejos del tráfico y del calor.

Pero no pienso dejar mi querido blog abandonado ni a las poquitas pero muy importantes personitas que lo siguen. ¡Lo tengo todo planeado y programado! 😛 He buscado en mis recuerdos aquellas lecturas breves que leí en el pasado y que me marcaron especialmente. ¡Algo ligero para el veranito con lo que incluso me podréis conocer más! 🙂 ¿Por otro lado, qué mejor para leer que los clásicos? Los de siempre, los que están ahí y seguirán permaneciendo como piedra angular de la literatura universal.

hans-christian-andersenAhí voy con la primera entrada de estas lecturas breves que propongo. ¡Espero que tengáis un maravilloso agosto!

¿Hace falta mencionar lo maravilloso que es Hans Christian Andersen? Con su toque mágico y nostálgico al mismo tiempo. Dudo que haya alguien que no haya leído, escuchado o visto alguna adaptación cinematográfica de los cuentos de este señor, sino tristemente no ha tenido infancia. El patito feo, la sirenita, el soldadito de plomo, la reina de las nieves, las zapatillas rojas… Al menos éstos os tienen que sonar. La idea de que son cuentos para niños como para dedicarle el tiempo me parece simplista. La moraleja de la literatura clásica es tan maravillosa que merece la pena a cualquier edad.

Yo me quedo con La niña de los fósforos, o La niña de la caja de cerillas, o La pequeña cerillera… Como lo queráis llamar. Recuerdo haberlo leído de niña y, aunque había sido lo más triste que había leído en mi corta vida, me pareció tan fascinante que se convirtió en una de mis lecturas favoritas. Pocas palabras pero mucho significado. Os dejo los primeros párrafos extraídos de una edición que tengo por casa…

¡Qué frío hacía! Nevaba y comenzaba a oscurecer; era la última noche del año, la noche de San Silvestre. Bajo aquél frío y en aquella oscuridad, pasaba por la calle una pobre niña, descalza y con la cabeza descubierta. Verdad es que al salir de su casa llevaba zapatillas, pero ¡de qué le sirvieron! Eran unas zapatillas que su madre había llevado últimamente, y a la pequeña le venían tan grandes que las perdió al cruzar corriendo la calle para librarse de dos coches que venían a toda velocidad…

Y así la pobrecilla andaba descalza con los desnudos piececitos completamente amoratados por el frío. En un viejo delantal llevaba un puñado de fósforos y un paquete en una mano. En todo el santo día nadie le había comprado nada, ni le había dado un mísero chelín; volvíase a su casa hambrienta y medio helada, ¡y parecía tan abatida, la pobrecilla! Los copos de nieve caían sobre su largo cabello rubio, cuyos hermosos rizos le cubrían el cuello; pero no estaba ella para presumir.

¿Y a tí, qué cuento de Hans Christian Andersen te ha marcado?