Quinta lectura breve de agosto

Estoy encantadísima con el autor que traigo hoy para este último especial de agosto. Franz Kafka es uno de los escritores que más admiro, por su descabellado enfoque y las reflexiones que despierta, y no podía faltar entre mis recomendaciones. De hecho, ¡es que no soy digna de hablar de ello! Respect.

La metamorfosis es una buena opción si todavía no te has atrevido a leer a este autor. Es un relato más o menos corto, pero intenso, perturbador, me atrevo a decir que repugnante teniendo en cuenta el bicho en el que se metamorfosea el personaje, es pura psicología, pura reflexión.

¡Es brillante! No recuerdo cuánto tiempo estuve dándole vueltas a la cabeza una vez leída La metamorfosis, filosofando conmigo misma. Tardó poco más de dos semanas en escribirla. ¡Dos semanas! ¡Y mil y una interpretaciones de estudiosos y críticos literarios! Obviamente, mi cabecita de alumna de primero de bachiller no pudo con el enigma, y hoy en día recuerdo esta obra y el gran signo de exclamación que se forma en mi mente me abruma.

Finalmente, la opción más correcta para quedarme tranquila es pensar que quería expresar una situación de dependencia llevada al extremo más pesimista, ligando la culpabilidad y la desolación que se debe sentir. Cuando uno es imprescindible y de pronto deviene una carga. Su propio sentimiento de culpabilidad, incluso de vergüenza, la consecuente caída en picado del autoestima. La propia naturaleza humana que entra en juego de la mano de aquellos que lo tienen que cuidar. Primero con paciencia y después con rechazo, confirmando que es una carga absoluta y los deseos egoístas de que desaparezca expresados en hechos, no en palabras.

Os dejo el comienzo de esta impresionante historia:

Franz-KafkaCuando una mañana Gregor Samsa se despertó de unos sueños agitados, se encontró en su cama convertido en un monstruoso bicho. Estaba tumbado sobre su espalda dura y en forma de caparazón, vio su vientre abombado, parduzco, dividido por durezas a modo de arcos, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de escurrirse del todo. Sus numerosas patas, ridículamente delgadas en comparación con el volumen habitual de sus piernas, le temblaban indefensas ante los ojos.

<<¿Qué me ha ocurrido?>>, pensó. No era un sueño. Su habitación – realmente una habitación, aunque un tanto pequeña, de un ser humano – permanecía tranquila entre las cuatro paredes harto conocidas…

La mirada de Gregor se dirigió luego hacia la ventana, y el tiempo nublado – se oían salpicar gotas de lluvia sobre la chapa de la ventana – le ponía muy melancólico.

<<¿Y si siguiera durmiendo un poco y me olvidara de todas estas chifladuras?>>, pensó, pues estaba acostumbrado a dormir del lado derecho y en su estado actual no podía ponerse en esa postura. Aunque se lanzase con mucha fuerza hacia el lado derecho, siempre se volvía a balancear hasta quedar de espaldas. Lo intentó cien veces, cerraba los ojos para no tener que ver las patas que se agitaban, y solo desistió cuando empezó a notar en el costado un dolor leve y sordo que nunca antes había sentido.

¿Alguien que se lo haya leído ya y pueda aportar alguna reflexión filosófica al respecto? Tengo muchísimas ganas de escucharos. 🙂

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